Querían volar, buscaban la escoba mágica que les diera la oportunidad de entender otros mundos, éste se lo saben de memoria …
Me encontraron, y, tras largas negociaciones consiguieron convencerme para construir esas escobas mágicas que tanto deseaban.
La búsqueda en las montañas fue exhaustiva., con ojos felinos, escudriñando los rincones en las bardisas, encontré, entre vaguadas y riachuelos, dos palos secos y robustos, uno de Rosal silvestre y el otro de Avellano silvestre, más dúctil éste último , menos rudo, aunque igual de consistente. Los dos con justas medidas y torcidos con la forma adecuada para ofrecer una montura entre las piernas de las brujas.
El racimo para las escobas, lo decidí recoger en invierno, cuando la Ginesta (Retama), está rígida y casi seca, con ese verde oscuro que es propicio para la brujería, je je je...
En una buena mañana de domingo, de esas en las que se siente uno inspirado, decidí ponerme manos a la obra en mi taller caravanero de los Pirineos.
El proceso de montaje fue bastante sencillo. Con las herramientas adecuadas y con un poco de cuerda de cáñamo, teñida de rojo de cadmio, como podréis comprobar en el vídeo, con gran esfuerzo y conocimientos gnósticos, conseguí un par de escobas ajustadas y a medida de las brujas en cuestión.
Ahora ya tienen el vehículo con el que remontar el vuelo y dirigirse a otros mundos exteriores.
He de decir que no son brujas con grandes habilidades Wiccas, pero sí gustan de sentirse unas horas trasladadas a la libertad del pensamiento.
De momento, toman clases de Vuelo para Escobas, emulando un poco a Harry Potter, a baja altura, claro, por campiñas pirenaicas, cuando el Sol esconde el capirote y definitivamente su luz se atenúa dando paso a las sombras que camuflan a las Brujas, je je je.
Esta semana queremos compartir un cuento que nos hace reir, crear, soñar y, en definitiva vivir.
